domingo, 4 de octubre de 2026

Pimientos asados al horno

 

Pimientos asados al horno: el truco para que queden tiernos, jugosos y llenos de sabor

Los pimientos asados son una de esas recetas tradicionales que demuestran que no hacen falta muchos ingredientes para conseguir un resultado espectacular. Con unos buenos pimientos rojos, aceite de oliva virgen extra y sal podemos preparar una guarnición deliciosa y muy versátil.

Sin embargo, aunque la receta parece muy sencilla, hay algunos detalles que marcan la diferencia entre unos pimientos simplemente cocinados y unos pimientos asados realmente tiernos, jugosos y llenos de sabor.

Uno de los principales secretos está en no añadir agua. Puede parecer extraño, pero los pimientos contienen una gran cantidad de agua en su interior y durante el horneado van a liberar sus propios jugos. Precisamente ese líquido es una de las partes más sabrosas de la preparación, por lo que merece la pena conservarlo.

Ingredientes

Para preparar estos pimientos asados necesitamos:

  • 3 o 4 pimientos rojos grandes, tipo morrón o lamuyo.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Sal gruesa.

Elige pimientos grandes, carnosos y en buen estado. Cuanto más gruesa sea su carne, más agradable será el resultado final.

Cómo preparar los pimientos asados

Comenzamos precalentando el horno a 200 ºC con calor arriba y abajo.

Lavamos los pimientos y los secamos muy bien. Los colocamos enteros sobre una bandeja cubierta con papel vegetal o papel de aluminio.

No es necesario abrirlos ni retirar las semillas antes del horneado. Los dejamos enteros para que se cocinen en su propio interior.

A continuación, los pintamos ligeramente con aceite de oliva virgen extra. Podemos hacerlo con un pincel o directamente con las manos.

Añadimos un poco de sal gruesa y llevamos la bandeja al horno.

Los dejamos durante aproximadamente 45–50 minutos. Cuando hayan pasado unos 25 minutos, les damos la vuelta para que se asen de manera uniforme.

Sabremos que están listos cuando la piel esté arrugada, blanda y tostada. No debemos preocuparnos si aparecen algunas zonas bastante oscuras: la piel se va a retirar posteriormente y lo importante es que el interior quede bien asado.

El truco para pelarlos fácilmente

Cuando saquemos los pimientos del horno llega un momento importante.

En lugar de intentar pelarlos inmediatamente, los tapamos con papel de aluminio o una tapa y dejamos que reposen durante 15–20 minutos.

Durante este tiempo, los pimientos conservan su calor y generan vapor. Ese vapor queda atrapado y ayuda a separar la piel de la carne.

Después del reposo, retiramos la piel con cuidado.

También retiramos el pedúnculo y las semillas.

Pero aquí debemos tener otro detalle en cuenta: conviene hacer esta operación sobre la propia bandeja para poder recoger todos los jugos que van soltando.

No tires el jugo de los pimientos

Este líquido es una de las mejores partes de la receta.

Durante el asado, los pimientos han ido soltando agua y jugos junto con todos sus aromas y sabores.

Una vez limpios, podemos cortar los pimientos en tiras gruesas y colocarlos en una fuente.

Añadimos sal gruesa al gusto y un buen hilo de aceite de oliva virgen extra.

Finalmente, incorporamos el jugo que hemos recuperado de la bandeja. Si queremos, podemos filtrarlo previamente para eliminar pequeños restos de semillas o piel.

El resultado son unos pimientos tiernos, brillantes y llenos de sabor.

Cómo servir los pimientos asados

Los pimientos asados son una guarnición perfecta para carnes y pescados, pero sus posibilidades van mucho más allá.

Podemos utilizarlos para preparar tostas con ventresca o anchoas, incorporarlos a ensaladas, servirlos junto a unas patatas o acompañarlos simplemente con un buen pan.

De hecho, una de las formas más sencillas de disfrutarlos es precisamente esa: pimientos asados, aceite de oliva, su propio jugo y pan para mojar.

La próxima vez que prepares pimientos asados recuerda estas dos claves: no necesitas añadir agua y no debes desperdiciar el jugo que sueltan.

A veces, para conseguir una receta deliciosa, el secreto no está en añadir más ingredientes, sino en aprovechar al máximo los que ya tenemos.


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