viernes, 25 de septiembre de 2026

Pollo con tomate

 

Pollo con tomate casero: una receta sencilla que pide pan

Hay recetas que necesitan ingredientes especiales, técnicas complicadas y mucho tiempo de preparación.

Y después están las recetas como este pollo con tomate casero.

Un plato sencillo, con ingredientes fáciles de encontrar y que tiene todo lo que buscamos muchas veces en la cocina del día a día: es fácil de preparar, económico, gusta a toda la familia y, además, podemos dejar que la cazuela haga prácticamente todo el trabajo.

Pero este pollo tiene una característica que no podemos pasar por alto.

La salsa.

Porque aunque el pollo es el protagonista del plato, una vez que pruebas esa salsa de tomate espesa y llena de sabor entiendes inmediatamente por qué conviene tener un buen trozo de pan cerca.

Ingredientes

Para preparar este pollo con tomate necesitamos:

·        1 kg de pollo troceado

·        800 g de tomate triturado

·        1 cebolla grande

·        2 dientes de ajo

·        1/2 pimiento rojo

·        1 hoja de laurel

·        100 ml de vino blanco

·        1 cucharadita de azúcar

·        Aceite de oliva

·        Sal

·        Pimienta

·        Orégano opcional

Cómo preparar pollo con tomate casero

Lo primero que hacemos es salpimentar el pollo.

Ponemos un poco de aceite de oliva en una cazuela y, cuando esté caliente, añadimos el pollo. Lo doramos por todos los lados hasta conseguir una superficie bien marcada.

No es necesario que el pollo quede completamente cocinado en este momento. Lo importante es conseguir un buen dorado.

Cuando esté listo, retiramos el pollo de la cazuela y lo reservamos.

Y aquí tenemos uno de los pequeños trucos de esta receta: no debemos limpiar la cazuela.

Todos esos pequeños restos dorados que han quedado en el fondo contienen muchísimo sabor y van a formar parte de nuestra salsa.

Añadimos entonces la cebolla picada y el medio pimiento rojo.

Cocinamos a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.

Después incorporamos los ajos picados y cocinamos aproximadamente durante un minuto. Hay que tener cuidado de que el ajo no llegue a quemarse.

A continuación añadimos los 100 ml de vino blanco.

Dejamos que se evapore el alcohol y removemos bien el fondo de la cazuela para aprovechar todos los sabores que había dejado el pollo.

El tomate

Ahora llega el ingrediente que va a convertir todo esto en una salsa espectacular.

Añadimos los 800 gramos de tomate triturado.

Incorporamos una hoja de laurel, una cucharadita de azúcar y sal al gusto.

El azúcar no está pensado para que la salsa quede dulce. Su función es ayudar a equilibrar la acidez del tomate.

Si queremos, también podemos añadir un poco de orégano.

Dejamos que la salsa cocine unos minutos para que empiece a reducir y a concentrar sus sabores.

Poco a poco veremos cómo el tomate va adquiriendo más cuerpo.

Cocinar el pollo lentamente

Cuando la salsa haya comenzado a reducir, devolvemos el pollo a la cazuela.

Lo colocamos dentro de la salsa, tapamos parcialmente y dejamos cocinar a fuego medio-bajo durante unos 30-40 minutos.

Durante este tiempo el pollo terminará de hacerse y se impregnará de todo el sabor de la salsa.

Es recomendable remover de vez en cuando con cuidado para evitar que la salsa se pegue.

Si observamos que la salsa reduce demasiado antes de que el pollo esté listo, podemos añadir un poquito de agua.

La idea es conseguir una salsa con cuerpo, pero suficiente para acompañar bien el pollo.

Cuando el pollo esté tierno, probamos la salsa y rectificamos de sal si fuera necesario.

¿Con qué acompañar el pollo con tomate?

Aquí tenemos muchas posibilidades.

Podemos acompañarlo con patatas, arroz, verduras o incluso una ensalada.

Pero hay una opción que para esta receta resulta especialmente peligrosa:

el pan.

La salsa que queda después de cocinar lentamente el pollo con el tomate, las verduras y el vino blanco merece ser aprovechada hasta la última gota.

Así que un buen trozo de pan puede convertirse fácilmente en el acompañamiento perfecto.

Una receta para repetir

Una de las grandes ventajas de este pollo con tomate es que no necesitamos complicarnos.

Los ingredientes son sencillos y el procedimiento también.

Además, es una receta que podemos preparar con antelación y recalentar posteriormente. Como ocurre con muchos guisos, el reposo puede hacer que los sabores se integren todavía mejor.

Es perfecta para una comida familiar, para preparar durante el fin de semana o simplemente para esos días en los que queremos comer algo casero sin pasar horas delante de los fogones.

El resultado es un pollo tierno, acompañado de una salsa de tomate llena de sabor.

Y, si me permitís un último consejo, no preparéis esta receta sin tener pan.

Porque una cosa es servir el pan para acompañar…

y otra muy distinta es terminar limpiando el plato con él. 😂

domingo, 20 de septiembre de 2026

Croquetas de arroz

 

Croquetas de arroz y queso crujientes por fuera y fundidas por dentro

¿Te ha sobrado arroz y no sabes qué hacer con él? Antes de guardarlo otra vez en la nevera sin tener muy claro para qué lo vas a utilizar, apunta esta receta porque puede convertirse en una de esas preparaciones que haces una y otra vez.

Estas croquetas de arroz y queso son una forma sencilla de aprovechar el arroz cocido y transformarlo en un aperitivo completamente diferente. Por fuera quedan doradas y crujientes, mientras que en el interior encontramos una sorpresa: queso fundido.

Y hay algo especialmente interesante en esta receta: no necesitamos preparar una bechamel. La propia textura del arroz frío, junto con el huevo y el queso rallado, nos permite formar las croquetas fácilmente.

Es una receta perfecta para esos días en los que tenemos arroz cocido del día anterior y queremos darle una segunda vida.

¿Por qué es mejor utilizar arroz frío?

Este detalle es importante.

El arroz recién cocinado suele estar más suelto y húmedo, mientras que después de unas horas en la nevera adquiere una textura más compacta gracias al almidón.

Por eso, para preparar estas croquetas es mucho mejor utilizar arroz cocido y completamente frío.

De hecho, esta receta es una estupenda manera de aprovechar arroz que nos haya sobrado de otra comida.

Ingredientes

Para preparar aproximadamente unas 10-12 croquetas, dependiendo del tamaño, necesitaremos:

·        2 tazas de arroz cocido frío.

·        1 huevo L.

·        50 g de queso rallado.

·        Queso que funda bien para el interior.

·        Pan rallado o panko.

·        1 huevo para rebozar.

·        Aceite.

·        Ajo en polvo, perejil u otras especias al gusto.

Para el corazón de queso puedes utilizar mozzarella, gouda, cheddar o cualquier queso que funda bien.

Cómo preparar las croquetas de arroz y queso

Comenzamos poniendo el arroz frío en un bol.

Añadimos el huevo y los 50 gramos de queso rallado. Si queremos darle algo más de sabor podemos incorporar un poco de ajo en polvo, perejil o incluso alguna especia que nos guste.

Mezclamos bien mientras aplastamos ligeramente algunos granos de arroz con el tenedor. No necesitamos convertirlo en un puré; simplemente queremos que la mezcla quede suficientemente compacta para poder formar las croquetas.

Ahora llega la parte divertida.

Tomamos una porción de la mezcla y la aplastamos ligeramente en la palma de la mano. Colocamos en el centro un pequeño cubo de queso.

Cerramos la mezcla de arroz alrededor del queso y formamos una bola o una croqueta alargada.

Aquí es importante asegurarnos de que el queso quede completamente cubierto. Si dejamos algún agujero, durante la cocción el queso puede escaparse.

Una vez formadas todas las croquetas, llega el momento del rebozado.

Pasamos cada una primero por huevo batido y después por pan rallado.

Si queremos conseguir una cobertura todavía más resistente y crujiente, podemos hacer un doble rebozado: huevo, pan rallado, huevo y nuevamente pan rallado.

Cocción

Tenemos dos posibilidades.

La primera es freírlas en una sartén con abundante aceite caliente.

Como el arroz del interior ya está cocido, no necesitamos cocinar las croquetas durante mucho tiempo. Simplemente buscamos que el exterior quede bien dorado y que el calor llegue al centro para fundir el queso.

Las vamos girando con cuidado hasta conseguir un color dorado uniforme.

Después las sacamos y las dejamos unos instantes sobre papel absorbente.

También podemos prepararlas en freidora de aire.

En ese caso, las pincelamos ligeramente con aceite y las cocinamos a 200 ºC durante unos 8-10 minutos, dándoles la vuelta aproximadamente a mitad de cocción.

El tiempo puede variar según el tamaño de las croquetas y el modelo de freidora de aire.

El momento más importante: abrir la croqueta

Aunque estas croquetas están deliciosas simplemente recién hechas, hay un pequeño ritual que merece la pena.

Deja que reposen unos segundos y después abre una con cuidado.

El exterior debe ofrecer resistencia y sonar ligeramente crujiente, mientras que el interior debe mostrar el queso fundido.

Ese contraste entre crujiente y cremoso es precisamente lo que hace tan especial esta receta.

Además, puedes cambiar completamente el resultado dependiendo del queso que utilices.

La mozzarella dará un interior muy elástico; el gouda aportará mucho sabor y una textura muy cremosa, mientras que el cheddar dará un resultado más intenso.

Una receta perfecta de aprovechamiento

Una de las cosas que más me gustan de esta receta es que demuestra que las sobras no tienen por qué terminar siendo aburridas.

Un poco de arroz cocido puede convertirse en unas croquetas completamente diferentes con muy pocos ingredientes.

Y ni siquiera tienes que prepararlas siempre iguales.

Puedes añadir jamón picado, restos de pollo, verduras, atún, diferentes especias o incluso cambiar el queso del centro.

Lo importante es mantener una mezcla suficientemente compacta para poder formar las croquetas.

Consejos para que salgan perfectas

Utiliza arroz frío. Es mucho más fácil de manejar y compactar.

No hagas las croquetas demasiado grandes. Así el queso llegará a fundirse antes de que el exterior se dore demasiado.

Cubre completamente el queso. No debe quedar ningún agujero por donde pueda escaparse durante la cocción.

El aceite debe estar caliente. Si está demasiado frío, el rebozado absorberá más grasa y puede quedar menos crujiente.

No las abras inmediatamente al salir del aceite. El queso estará muy caliente. Espera unos segundos y después disfruta del momento del corte.