Pollo con tomate casero: una receta sencilla que pide pan
Hay recetas que necesitan ingredientes especiales, técnicas complicadas y
mucho tiempo de preparación.
Y después están las recetas como este pollo con tomate casero.
Un plato sencillo, con ingredientes fáciles de encontrar y que tiene todo lo
que buscamos muchas veces en la cocina del día a día: es fácil de preparar,
económico, gusta a toda la familia y, además, podemos dejar que la cazuela haga
prácticamente todo el trabajo.
Pero este pollo tiene una característica que no podemos pasar por alto.
La salsa.
Porque aunque el pollo es el protagonista del plato, una vez que pruebas esa
salsa de tomate espesa y llena de sabor entiendes inmediatamente por qué
conviene tener un buen trozo de pan cerca.
Ingredientes
Para preparar este pollo con tomate necesitamos:
·
1 kg de pollo troceado
·
800 g de tomate triturado
·
1 cebolla grande
·
2 dientes de ajo
·
1/2 pimiento rojo
·
1 hoja de laurel
·
100 ml de vino blanco
·
1 cucharadita de azúcar
·
Aceite de oliva
·
Sal
·
Pimienta
·
Orégano opcional
Cómo preparar pollo con tomate casero
Lo primero que hacemos es salpimentar el pollo.
Ponemos un poco de aceite de oliva en una cazuela y, cuando esté caliente,
añadimos el pollo. Lo doramos por todos los lados hasta conseguir una
superficie bien marcada.
No es necesario que el pollo quede completamente cocinado en este momento.
Lo importante es conseguir un buen dorado.
Cuando esté listo, retiramos el pollo de la cazuela y lo reservamos.
Y aquí tenemos uno de los pequeños trucos de esta receta: no debemos limpiar
la cazuela.
Todos esos pequeños restos dorados que han quedado en el fondo contienen
muchísimo sabor y van a formar parte de nuestra salsa.
Añadimos entonces la cebolla picada y el medio pimiento rojo.
Cocinamos a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.
Después incorporamos los ajos picados y cocinamos aproximadamente durante un
minuto. Hay que tener cuidado de que el ajo no llegue a quemarse.
A continuación añadimos los 100 ml de vino blanco.
Dejamos que se evapore el alcohol y removemos bien el fondo de la cazuela
para aprovechar todos los sabores que había dejado el pollo.
El tomate
Ahora llega el ingrediente que va a convertir todo esto en una salsa
espectacular.
Añadimos los 800 gramos de tomate triturado.
Incorporamos una hoja de laurel, una cucharadita de azúcar y sal al gusto.
El azúcar no está pensado para que la salsa quede dulce. Su función es
ayudar a equilibrar la acidez del tomate.
Si queremos, también podemos añadir un poco de orégano.
Dejamos que la salsa cocine unos minutos para que empiece a reducir y a concentrar
sus sabores.
Poco a poco veremos cómo el tomate va adquiriendo más cuerpo.
Cocinar el pollo lentamente
Cuando la salsa haya comenzado a reducir, devolvemos el pollo a la cazuela.
Lo colocamos dentro de la salsa, tapamos parcialmente y dejamos cocinar a
fuego medio-bajo durante unos 30-40 minutos.
Durante este tiempo el pollo terminará de hacerse y se impregnará de todo el
sabor de la salsa.
Es recomendable remover de vez en cuando con cuidado para evitar que la
salsa se pegue.
Si observamos que la salsa reduce demasiado antes de que el pollo esté
listo, podemos añadir un poquito de agua.
La idea es conseguir una salsa con cuerpo, pero suficiente para acompañar
bien el pollo.
Cuando el pollo esté tierno, probamos la salsa y rectificamos de sal si
fuera necesario.
¿Con qué acompañar el pollo con tomate?
Aquí tenemos muchas posibilidades.
Podemos acompañarlo con patatas, arroz, verduras o incluso una ensalada.
Pero hay una opción que para esta receta resulta especialmente peligrosa:
el pan.
La salsa que queda después de cocinar lentamente el pollo con el tomate, las
verduras y el vino blanco merece ser aprovechada hasta la última gota.
Así que un buen trozo de pan puede convertirse fácilmente en el
acompañamiento perfecto.
Una receta para repetir
Una de las grandes ventajas de este pollo con tomate es que no necesitamos
complicarnos.
Los ingredientes son sencillos y el procedimiento también.
Además, es una receta que podemos preparar con antelación y recalentar
posteriormente. Como ocurre con muchos guisos, el reposo puede hacer que los
sabores se integren todavía mejor.
Es perfecta para una comida familiar, para preparar durante el fin de semana
o simplemente para esos días en los que queremos comer algo casero sin pasar
horas delante de los fogones.
El resultado es un pollo tierno, acompañado de una salsa de tomate llena de
sabor.
Y, si me permitís un último consejo, no preparéis esta receta sin tener pan.
Porque una cosa es servir el pan para acompañar…
y otra muy distinta es terminar limpiando el plato con él. 😂