Pizza bianca romana fina y crujiente: receta casera
Si eres de los que piensa que una buena pizza tiene que tener una masa
gruesa y esponjosa, hoy vamos a cambiar completamente las reglas.
La pizza bianca romana se caracteriza precisamente por
buscar una textura muy fina, ligera y crujiente. Una pizza que, cuando la coges
con las manos, casi recuerda a una lámina crujiente o a un snack.
Y lo más curioso de esta receta es que podemos prepararla utilizando harina
de trigo común, sin necesidad de comprar una harina especial.
La clave está en trabajar la masa con paciencia y, sobre todo, conseguir
estirarla muchísimo antes de hornearla.
🛒 Ingredientes
Para preparar esta pizza bianca romana necesitamos:
·
400 g de harina de trigo común
·
250 g de agua fría
·
3 g de levadura fresca
·
8 g de sal fina
·
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
·
Sal gorda o en escamas
Además, necesitaremos un poco más de aceite de oliva para terminar la pizza
antes de hornearla.
🍕 Primer paso: preparar la masa
Comenzamos poniendo la harina de trigo común en un bol.
Añadimos los 250 gramos de agua fría y mezclamos ambos ingredientes hasta
conseguir que no quede harina seca.
En este primer momento no añadiremos ni la levadura ni la sal.
Tapamos el recipiente y dejamos reposar la mezcla durante aproximadamente 30
minutos.
Este primer descanso permite que la harina se hidrate y ayuda posteriormente
a trabajar y estirar la masa.
👐 Incorporar el resto de ingredientes
Después del primer reposo incorporamos la levadura fresca, que podemos
disolver previamente en un poquito de agua.
Añadimos también los 8 gramos de sal y dos cucharadas de aceite de oliva
virgen extra.
Trabajamos la masa dentro del propio bol hasta conseguir que todos los
ingredientes queden perfectamente integrados.
No es necesario hacer un amasado excesivamente largo.
❄️ El reposo en frío
Una de las partes más importantes de esta receta es el reposo.
Tapamos muy bien el recipiente y lo llevamos a la nevera durante al
menos 24 horas.
Este reposo largo permite que la masa se desarrolle lentamente y después
podamos trabajarla con mucha más facilidad.
Además, nos permite organizar la receta con antelación.
Podemos preparar la masa el día anterior y dejarla reposando en frío para
hornear la pizza al día siguiente.
⏰ Antes de estirar la masa
Cuando vayamos a preparar la pizza, sacamos la masa de la nevera
aproximadamente dos horas antes.
Necesitamos que pierda el frío y se encuentre a una temperatura más adecuada
para poder estirarla.
Este paso es importante porque una masa recién sacada de la nevera estará
más rígida y será más difícil conseguir que quede extremadamente fina.
👆 El secreto: estirar muchísimo
Y llegamos al momento más importante de la receta.
Colocamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada o con sémola y
comenzamos a presionar con las yemas de los dedos desde el centro hacia fuera.
No queremos formar una pizza gruesa.
Nuestro objetivo es conseguir una base muy fina, llevando
la masa prácticamente al límite sin llegar a romperla.
Cuanto más fina consigamos dejarla, más fácil será obtener esa textura
crujiente característica.
En algunas zonas incluso podremos llegar a ver ligeramente la superficie de
trabajo a través de la masa.
🫒 El aceite es importante
Una vez estirada, pasamos la masa con cuidado a una bandeja cubierta con
papel de horno.
Añadimos una cantidad generosa de aceite de oliva virgen extra.
En esta receta no conviene ser demasiado tímido con el aceite.
Además de aportar sabor, ayudará a conseguir una superficie dorada y
crujiente.
Terminamos con unas escamas de sal o sal gorda.
🔥 Hornear la pizza
Para conseguir una pizza realmente crujiente necesitamos un horno muy
caliente.
Precalentamos el horno a la máxima temperatura posible.
Si disponemos de una piedra para pizza o de una bandeja gruesa, podemos
dejarla calentándose dentro del horno antes de introducir la pizza.
La pizza se hornea durante aproximadamente 8-10 minutos,
vigilando que quede bien dorada y crujiente.
El tiempo exacto dependerá de la temperatura máxima de nuestro horno y del
grosor final que hayamos conseguido.
🔊 El momento de escuchar el CRACK
Y aquí llega la parte más divertida.
Cuando la pizza sale del horno podemos levantarla y comprobar cómo ha
quedado.
Una buena pizza bianca romana debe quedar fina, dorada y muy crujiente.
Al romperla con las manos debería escucharse ese característico crack.
Es precisamente esa textura la que diferencia esta preparación de otras
pizzas de masa más gruesa y esponjosa.
❤️ ¿Por qué utilizar harina común?
Una de las cosas que más me gusta de esta receta es que no necesitamos
ingredientes difíciles de encontrar.
Con harina de trigo común podemos conseguir un resultado espectacular si
damos importancia a dos factores:
tiempo y estirado.
El reposo largo en frío nos ayuda a desarrollar la masa y el estirado final
es el que nos permite conseguir una base extremadamente fina.
Por eso merece la pena no tener prisa durante la preparación.
🍕 ¿Con qué acompañar la pizza bianca?
Esta pizza puede disfrutarse simplemente con aceite de oliva y sal, como
hacemos en esta receta, pero también podemos utilizarla como base para
diferentes preparaciones.
Podemos acompañarla con embutidos, quesos, verduras asadas o incluso
utilizar pequeños trozos como aperitivo.
Su textura crujiente hace que resulte especialmente interesante para
compartir.
📌 Consejos para conseguir una pizza más
crujiente
Utiliza agua fría. Ayuda a mantener la masa controlada
durante la preparación.
Respeta el reposo en frío. Las 24 horas son una parte
importante de la receta.
Deja que la masa se atempere. Sacarla aproximadamente dos
horas antes facilita el estirado.
Estírala mucho. Este es probablemente el punto más
importante.
Utiliza suficiente aceite. Aporta sabor y ayuda al acabado
crujiente.
Hornea con el horno muy caliente. Una temperatura elevada
es fundamental para conseguir la textura que buscamos.
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